16/08/2011

Magnificando a Dios con el dinero.

Lucas 12:32-34
32 No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino. 33 Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye. 34 Porque donde está vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón."
La esencia interna de la adoración es atesorar a Dios como infinitamente más valioso sobre todas las demás cosas. Las formas externas de la adoración son las obras que muestran cuánto valoramos a Dios. Por tanto, todo en la vida fue creado para ser adoración porque Dios dijo que si comes o bebes o haces otra cosa - todo en la vida, hazlo para mostrar cuán valiosa es la gloria de Dios para ti. (1 Corintios 10:31). El dinero y las posesiones son parte importante de la vida, y por tanto Dios quiere que sean parte esencial en la adoración - porque todo en la vida es adoración. Por tanto, la manera en que adores con tu dinero y tus posesiones es obtenerlas, usarlas y perderlas de una forma que muestre cuánto valoras a Dios - no al dinero. De esto trata este texto. Y por tanto es en realidad un texto sobre la adoración.
Ahora bien, hay lugar para la adoración corporal - lo que hacemos aquí juntos el domingo por la mañana. Y las mismas definiciones se mantienen aquí como en cualquier otro lugar: la esencia de la adoración aquí es atesorar a Dios internamente como infinitamente valioso. Las formas de adoración son los actos que expresan este atesorar a Dios internamente (predicación y escuchar la palabra de Dios, adoración, alabanzas, ofrendas, compartir la Cena del Señor, y mucho más) Uno de estos actos de adoración congregacional aquí en Belén es lo que llamamos "la ofrenda" - un momento aproximadamente a la mitad de nuestra adoración como iglesia cuando adoramos con nuestro dinero, desprendiéndolo de nuestras manos y ahorros, para la misión y ministerio de Cristo.
Este acto particular del servicio de adoración corporal es una parte pequeña del patrón mayor de adoración con nuestro dinero que hacemos cada día, cómo lo ganamos, gastamos, ahorramos o damos nuestro dinero. El texto de hoy, Lucas 12:32-34, tiene que ver con el patrón extenso de cómo adoramos con nuestro dinero, y por implicación se relaciona con qué hacemos con nuestro dinero en la adoración corporal. Veamos algunos de los puntos principales en el texto, apliquemos a nuestras vidas en general y a nuestra ofrenda corporal en particular.
1. No temer
El primer punto del texto (verso 32) es que Dios manda a no temer cuando se trata de dinero y posesiones. No te preocupes, no tengas miedo. "No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre os ha placido daros el reino." Pero hay otra manera más profunda de expresar el punto. La razón por la cual Dios quiere que no temamos acerca del dinero y las posesiones es porque no afanarse magnificaría cinco grandes cosas acerca de Dios. No tener miedo sería eco de cuánto valoramos estas cinco cosas acerca de Dios. En otras palabras, no tener miedo se convertiría en un acto interno hermoso de adoración.
Primero, no tener miedo muestra que atesoramos a Dios como nuestro Pastor. "No temáis, manada pequeña." Somos su manada y él es nuestro Pastor. Y si él es nuestro Pastor, entonces el Salmo 23 aplica: "Jehová es mi Pastor, nada me faltará" - esto es, no me faltará nada de lo que yo realmente necesito. No tener miedo magnifica la hermosura de nuestro Pastor.
Segundo, no tener miedo muestra que atesoramos a Dios como nuestro Padre. "No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre os ha placido daros el reino." No solo somos su manada pequeña; también somos sus hijos y él es nuestro Padre. El significado de esto es claro en el verso 30: "Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas." En otras palabras, tu Padre realmente tiene cuidado y ciertamente sabe lo que necesitas y trabajará para que estés seguro y tengas lo que necesitas. (¡Cuidado con dictarle a Dios lo que tú piensas que es "necesario" en lugar de aprender lo que él piensa que es "necesario"!).
Tercero, no tener miedo muestra que atesoramos a Dios como Rey. "No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre os ha placido daros el reino. Puede darnos el "reino" porque el es el Rey. Esto agrega un tremendo elemento de poder a quien nos provee. "Pastor" denota protección y provisión. "Padre" denota amor, ternura, autoridad, provisión y guía. "Rey" connota poder, soberanía y prosperidad. De modo que si confiamos en Dios como Pastor, Padre y Rey, y no tenemos miedo de dinero y posesiones, entonces mostraremos cuán real y precioso es Dios para nosotros en todas estas maneras. Dios será adorado.
Cuarto, no tener miedo muestra cuán libre y generoso es Dios. "No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre os ha placido daros el reino." Noten, él da el reino. No vende o alquila el reino, o lo financia. El lo da. Es inmensamente rico y no necesita nuestro pago. Cualquier cosa que tratemos de darle, ya es suyo de todos modos. "¿Qué tienes que no hayas recibido?" (1 Corintios 4:7). Así que Dios es generoso y libre con la abundancia de sus bienes. Y esto es lo que magnificamos de él cuando no tenemos miedo sino que le confiamos nuestras necesidades.
Finalmente, no tener miedo muestra que atesoramos a Dios como alguien feliz. "No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre os ha placido daros el reino." Es "placentero". Le place darte el reino. El quiere hacerlo. Le hace feliz hacerlo. No todos tuvimos padres como éste - que amaban darnos cosas, que les hacía felices dar en vez de recibir. Pero eso no importa, porque ahora podemos tener un Padre así, y Pastor y Rey. Confía en él como tu Padre a través de la obra reconciliadora de Jesús, y lo encontrarás como Padre.
Así que el primer punto de este texto es que debemos atesorar a Dios como nuestro Pastor, Padre y Rey, quien es generoso y feliz de darnos el reino de Dios - darnos el cielo, darnos vida eterna y gozo, y todo lo que necesitamos para llegar allí. Si atesoramos a Dios de esta manera - si confiamos en él - estaremos libres de miedo y Dios será honrado. Este es el fundamento del resto del texto y de este sermón. Lo que vendrá es posible debido a esta promesa
2. Un impulso hacia la sencillez en lugar de acumular.
El segundo punto es éste: confiar en Dios de esta manera conlleva un fuerte impulso hacia la simplicidad, la sencillez, en lugar de acumulación. El verso 33: "Vended lo que tenéis y dad limosna; haceos bolsa que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye."
Enfoca por un momento las palabras: "Vended lo que tenéis". ¿A quién le hablaba? El verso 22 da la respuesta: "Entonces Jesús dijo a sus discípulos". Pero, estas personas no eran ricas. No tenían muchas posesiones. Pero aún así les dice: "Vended lo que tenéis". No dice cuánto deben vender. Al joven rico en Lucas 18:22 Jesús le dijo: "Vende todo lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme". Vende todo lo que tienes. Cuando Zaqueo conoció a Jesús, dijo: (Lucas 19:8) "He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado". Zaqueo dio cincuenta por ciento de sus posesiones. Hechos 4:37 dice: "Bernabé vendió una heredad que tenía y trajo el precio y lo puso a los pies de los apóstoles". Vendió al menos una heredad.
La Biblia no nos dice cuántas posesiones vender. ¿Pero por qué habla de vender posesiones en principio? ¿Por qué? Dar limosnas - usar tu dinero para mostrar amor a aquellos que carecen de lo necesario en la vida y que no tienen el evangelio (necesidad de la vida eterna) -es tan importante que si no posees activos líquidos para dar, debieras vender algo para poder dar. Pero ahora piensa lo que esto significa en el contexto. Estos discípulos no son pobres personas ricas con poco efectivo pero cuyo dinero está en certificados o propiedades. La mayoría de personas como éstas, de hecho, usualmente tienen grandes ahorros. Pero Jesús no dijo: "Saca algo de tus ahorros y da limosna." El dijo: "Vende algo, y da limosna." ¿Por qué? La presunción más simple es que estas personas vivían tan cerca de la pobreza que no tenían efectivo para dar y tendrían que vender algo para poder dar. Jesús quería que su pueblo avanzara hacia la sencillez, no la acumulación.
¿Cuál es el punto? El punto es que hay un poderoso impulso en la vida cristiana hacia la simplicidad en vez de acumulación. El impulso proviene de valorar más a Dios como Pastor, Padre y Rey de lo que valoremos todas nuestras posesiones. Y el impulso es un fuerte impulso por dos razones. La primera es que Jesús dijo: ¡"Cuán difícil es para un rico (literalmente: los que tienen posesiones) entrar en el reino de Dios"! (Lucas 18:24). En Lucas 8:14 Jesús dice que las riquezas "ahogan" la palabra de Dios. Pero deseamos entrar al reino mucho más de lo que queremos riquezas. Y no queremos que la palabra de Dios sea ahogada en nuestra vida. Así que hay un impulso fuerte para simplificar y no acumular. La otra razón es que deseamos que la hermosura de Dios se manifieste al mundo. Jesús nos dice aquí que vender propiedades y dar limosna es una manera de mostrar que Dios es real y precioso como Pastor, Padre y Rey. De modo que el segundo punto es que confiar en Dios como nuestro Pastor, Padre y Rey conlleva un impulso tremendo hacia la sencillez más que a la acumulación. Esto hace fluir adoración desde el lugar secreto e interno del corazón hacia más acciones visibles para la gloria de Dios.
3. Maximizar nuestro tesoro en los cielos, no en la tierra.
El tercer punto del texto es que el propósito del dinero es maximizar nuestro tesoro en el cielo, no en la tierra. Verso 33 otra vez: "Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye." ¿Cuál es la conexión aquí entre vender posesiones y poder suplir las necesidades de otros (la primera parte del verso), y acumular tesoro en el cielo para ti mismo(al final del verso)?
La conexión parece ser que la manera de hacer bolsas que no envejezcan y la manera de hacer tesoros en el cielo que no se agotan es vendiendo tus posesiones para suplir las necesidades de otros. En otras palabras, simplificar tus posesiones por causa del amor en la tierra maximiza tu gozo en el cielo. No pierdas este punto profundamente radical. Es la forma en que Jesús piensa y habla todo el tiempo. Tener una mente en las cosas de arriba produce diferencia radicalmente amorosa en este mundo. Las personas que están más poderosamente persuadidas de que lo importante es tesoro en el cielo, no gran acumulación de dinero aquí, son las personas que constantemente soñarán con formas de simplificar y servir, simplificar y servir, simplificar y servir. Ellos darán, darán y darán. Y por supuesto, trabajarán, trabajarán y trabajarán, como Pablo dice en Efesios 4:28: "para que ellos tengan qué compartir con el que padece necesidad."
La conexión con adoración es ésta: Jesús nos manda a acumular tesoros en el cielo, esto es, maximizar nuestro gozo en Dios. Nos dice que la manera de lograrlo es vender y simplificar por el bien de otros. De modo que él motiva simplicidad y servicio al conectarlo con nuestro deseo de maximizar gozo en Dios. Lo que significa que todo uso de nuestro dinero se convierte en manifestación de cuánto nos deleitamos en Dios por encima de dinero y posesiones. Y esto es adoración.
4. Tu corazón se mueve hacia lo que atesoras.
Ahora bien, el último punto del texto en esta mañana es el siguiente: tu corazón se mueve hacia lo que atesores, y Dios quiere que te muevas hacia él. Verso 34: "Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón." Nos dice la razón del por qué atesorar en los cielos: porque donde esté vuestro tesoros, ahí estará también tu corazón. Si tu tesoro está en el cielo, con Dios, luego entonces allí estará también tu corazón.
¿Qué es lo que este verso, aparentemente tan simple, nos dice en realidad? Es un hecho que la palabra "tesoro" significa "el objeto deseado." Y es un hecho que la palabra "corazón" significa: "el órgano que anhela". Así, lee el verso ahora: "Donde esté el objeto que tú deseas, allí estará el órgano que anhela". Si el objeto que tu deseas es Dios en el cielo, tu corazón estará con Dios en el cielo. Estarás con Dios. Pero si el objeto que tú deseas es dinero y posesiones en la tierra, entonces tu corazón estará en la tierra. Estarás en la tierra, excluido de Dios.
Esto es lo que Jesús significó en Lucas 16:13 cuando dijo: "Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas." Servir al dinero es desear el dinero y perseguir todos los beneficios que las riquezas pueden dar. El corazón se va trás del dinero. Pero servir a Dios significa desear a Dios y perseguir todos los beneficios que Dios nos da. El corazón va en pos de Dios. Esto es adoración: el corazón tiene deseo de Dios y le busca como el tesoro por sobre todos los demás.

La ofrenda - un acto de adoración

Concluyo con sencillez al relacionar estos cuatro puntos con el acto corporal de adoración que llamamos "la ofrenda." Este momento y este hecho en nuestro servicio será nuestra adoración, no importa la cantidad - desde las dos blancas de la viuda hasta los miles de un millonario - si al darlo dices desde tu corazón: 1) Por este medio, confío en ti, Dios, como mi alegre y generoso Pastor, Padre y Rey, de modo que no temeré cuando tenga menos dinero para mí al suplir necesidades de otros. 2) Por este medio, resisto la increíble presión de nuestra cultura de acumular más y más, y echo mi suerte junto al impulso de sencillez para el bien de otros. 3) Por este medio, hago tesoros en el cielo y no en la tierra para que mi gozo en Dios se maximice por siempre. 4) Con esta ofrenda declaro que, como mi tesoro está en el cielo, mi corazón va en pos de Dios.

Por John Piper Sobre Dinero
Una Parte de la serie Worship God

Traducción por Desiring God

04/10/2010

El Metodismo

Por Pastor Sugel Michelén , IBSJ, Santo Domingo, R.D.


A principios del siglo XVIII, un grupo de estudiantes de la Universidad de Oxford organizaron un club cuyos miembros “se comprometían a llevar una vida santa y sobria, a recibir la comunión una vez por semana, a cumplir fielmente sus devociones privadas, a pasar tres horas reunidos cada tarde, estudiando las Escrituras y otros libros religiosos, y a visitar las cárceles regularmente”.

Entre los miembros de este grupo se encontraban los hermanos Wesley, Juan (1703-1791) y Carlos (1707-1788), y George Whitefield (1714-1770). Muy pronto este grupo fue conocido como el “Club Santo”, y sus miembros señalados burlonamente como “metodistas” por su forma metódica de vivir.

De este grupo, sólo Juan era un sacerdote ordenado de la Iglesia anglicana, de manera que pronto vino a ser el líder del grupo. En 1735 muere Samuel, el padre de los Wesley, por lo que Juan se prepara para sucederle como ministro.

Pero entonces, el Conde de Oglethorpe hace un llamado para reclutar misioneros que llevaran el evangelio a la recién fundada colonia de Georgia, en América, y Susana Wesley, madre de Juan y Carlos, anima a sus dos hijos a responder al llamado. Ambos se embarcan en octubre de ese año.

En ese viaje ocurrió un incidente que marcó la vida de Juan. Una fuerte tormenta azotó la nave, y Juan, que era capellán del barco, mostró más preocupación por su propia vida que por las almas de aquellos a quienes debía ministrar.

Providencialmente, en ese mismo barco iba un grupo de moravos (de convicciones pietistas) que mostraron en todo momento una asombrosa ecuanimidad que causó una profunda impresión en Juan Wesley. Pasada la tormenta, los moravos le explicaron que por causa de su fe no le tenían miedo a la muerte. Eso le produjo a Juan una seria duda de su estado espiritual delante de Dios, a pesar de que hasta ese momento se consideraba un buen cristiano.

Al llegar a la colonia, los dos hermanos se dedicaron intensamente a su labor. El más dotado era Juan, quien podía predicar en alemán, en francés y en italiano, aparte del inglés. Sin embargo, a pesar de sus conocimientos, Juan le pidió consejos a uno de los líderes moravos, Gottlieb Spangenberg, en lo tocante a su labor como pastor y como misionero a los indios. Juan dejó constancia de esta conversación en su diario:

Mi hermano—, me dijo, —primero debo hacerte dos preguntas. ¿Tienes el testimonio dentro de ti? ¿Le da testimonio el Espíritu de Dios a tu espíritu, de que eres hijo de Dios? Yo me mostré sorprendido, y no sabía cómo contestarle. El se dio cuenta de ello, y me preguntó: — ¿Conoces a Jesucristo?—Sé que es el Salvador del mundo.
—Cierto— me contestó, —pero, ¿sabes que te ha salvado a ti?—Tengo la esperanza de que murió por salvarme.
—Pero, ¿lo sabes?—Si, lo sé.
Después, en su diario, el joven sacerdote añadió las palabras: “Pero me temo que lo que dije no fueron sino palabras vacías”.

Una vez asentados en Georgia, fundaron una pequeña sociedad similar a la que tenían en Oxford. Pero Juan carecía de tacto y trató de establecer en la iglesia reglas muy estrictas, por lo que su labor no tuvo mucho éxito en Georgia. Un año después Carlos se enfermó y dejó la colonia para regresar a Inglaterra.

El 1 de febrero de 1738 Juan regresó también en medio de una difícil situación. Al regresar a Inglaterra, Juan no estaba seguro del camino que debía tomar, pero mantuvo sus relaciones con los hermanos moravos. Después de varias conversaciones con uno de ellos, Wesley llegó a la conclusión de que no poseía fe salvadora y que debía dejar de predicar. Pero el 24 de mayo de 1738, Wesley y tuvo una experiencia que cambió por completo el curso de su vida:

“Por la noche fui de muy mala gana a una sociedad en la calle Aldersgate, donde alguien leía el prefacio de Lutero a la Epístola a los Romanos. Cuando faltaba como un cuarto para las nueve, mientras él describía el cambio que Dios obra en el corazón mediante la fe en Cristo, sentí en mi corazón un ardor extraño. Sentí que confiaba en Cristo, y solamente en él, para mi salvación, y me fue dada la certeza de que él había quitado mis pecados, los míos, y me había salvado de la ley del pecado y la muerte”.

A partir de ese momento, Wesley no volvió a dudar de su salvación, por lo que podía dedicarse por entero a procurar la salvación de otros. Para esa época, George Whitefield se había convertido en un famoso predicador, luego de haber atravesado por una experiencia similar a la de Juan Wesley. El también partió hacia Georgia para servir allí como pastor, pero regresando siempre a Gran Bretaña donde su predicación no era bien recibida por todos; por tal razón Whitefield tomó la decisión de comenzar a predicar al aire libre.

En un principio, Wesley y Whitefield trabajaron juntos por un tiempo. Pero debido a las responsabilidades de Whitefield en la colonia de Georgia, así como por las dotes de liderazgo de Wesley, éste quedó finalmente como cabeza del movimiento. Pero un desacuerdo doctrinal habría de dirigir a los dos amigos y, por ende, al movimiento metodista. Justo L. González dice al respecto:

“Ambos eran calvinistas en lo que se refería a cuestiones tales como el significado de la comunión, el modo en que la fe ha de redundar en santidad de vida, etc. Pero en cuanto a la predestinación y el libre albedrío Wesley se separaba del calvinismo ortodoxo, y seguía la línea arminiana. Tras varios debates sobre tales cuestiones, los dos amigos decidieron seguir cada cual por su camino, y evitar controversias —aunque no siempre sus seguidores se abstuvieron de ellas. Con el apoyo de la Condesa de Huntingdon, Whitefield encabezó un movimiento que logró particular éxito en la región de Gales, y que después resultó en la formación de la Iglesia Metodista Calvinista”.

A pesar del éxito de su obra, Wesley no tenía ninguna intención de fundar una nueva denominación aparte de la Iglesia anglicana, sino que, al igual que el pietismo alemán, su propósito era despertar a los que profesaban la fe dentro del anglicanismo. Por esta razón, nunca predicaba en el mismo horario que los servicios de la Iglesia, a la cual debían asistir todos los metodistas para recibir la comunión cada domingo.

Sin embargo, pronto fue necesario organizar el movimiento que se reunía primero en casas privadas, pero que luego llegaron a tener sus propios edificios. Pero dos cosas impulsaron al metodismo a declararse independiente. Dice González:

“Según una ley de 1689, se toleraban en Inglaterra los cultos y los edificios religiosos que no fuesen anglicanos, siempre que se inscribieran como tales ante la ley. Los metodistas estaban entonces en un aprieto, pues si no se inscribían quedarían fuera de la ley, y si lo hacían estarían declarando, tácitamente al menos, que no eran anglicanos. Tras largas vacilaciones, Wesley decidió que sus predicadores debían cumplir la ley, y por tanto, en 1787, les dio instrucciones en el sentido de que se inscribieran. Aunque todavía él, sus predicadores y sus sociedades seguían llamándose anglicanos, habían dado el primer paso legal hacia su separación de la iglesia nacional de Inglaterra.

“Tres años antes, Wesley había dado otro paso mucho más drástico desde el punto de vista teológico. Desde hacía largo tiempo, se había convencido de que en el Nuevo Testamento un “obispo” era lo mismo que un “presbítero”, y que en la iglesia antigua, por lo menos durante más de dos siglos, los presbíteros habían tenido el derecho de ordenar a otros cristianos. Por largo tiempo se abstuvo de ejercer esa prerrogativa que creía poseer, por no enemistarse aún más con las autoridades eclesiásticas. Pero la independencia de los Estados Unidos (de que trataremos en nuestra próxima sección) cambió la situación. Durante la Guerra de Independencia la mayor parte del clero anglicano en Norteamérica había tomado el partido inglés. Al llegar la independencia, casi todos ellos se vieron obligados a regresar a Inglaterra. En tales circunstancias, se les hacía muy difícil, y hasta imposible, a los habitantes de la nueva nación participar frecuentemente de la comunión. Y Wesley estaba convencido de que tales servicios sacramentales eran fundamentales para la vida cristiana. El Obispo de Londres, que supuestamente tenía jurisdicción sobre las antiguas colonias inglesas, se negaba a ordenar nuevo personal para ellas.

“Por fin, en septiembre de 1784, Wesley dio el paso definitivo y ordenó a dos de sus predicadores laicos como presbíteros. También consagró al presbítero anglicano Tomás Coke como “superintendente”, sin duda teniendo en mente que ese título no es sino la forma latina del término griego “obispo”. Poco después ordenó a otros para servir en Escocia y otras tierras.

“A pesar de haber dado estos pasos, Wesley continuaba insistiendo en la necesidad de no romper con la Iglesia Anglicana. Su hermano Carlos le decía que la ordenación misma era ya una ruptura. En 1786, la Conferencia decidió que, en aquellos lugares en que los ministros anglicanos fueran decididamente ineptos, o donde las iglesias no tuvieran lugar para toda la población, se permitiría celebrar las reuniones metodistas a la misma hora del culto anglicano. Una vez más, Wesley decidió dar ese paso muy a pesar suyo, pero constreñido por la necesidad de servir a una población urbana cada vez mayor, para la cual no bastaban los servicios que la Iglesia Anglicana ofrecía”.

El movimiento se separó finalmente de la Iglesia anglicana después de la muerte de Juan Wesley, en 1791. Pero ya para ese tiempo el metodismo se había convertido en un movimiento religioso distinto que cambió el panorama religioso en el siglo XVIII y que habría de perdurar hasta nuestros días.

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06/06/2010

Apropósito de terremotos, es Dios quien los permite...

Este trabajo es a menudo identificado erróneamente como un sermón de Juan Wesley. En realidad, fue publicado por su hermano Carlos Wesley en 1750

 Venid, ved las obras de Jehová, que ha puesto asolamientos en la tierra” Salmo 46:8

 De todos los juicios que el Dios justo inflige en los pecadores aquí, el más espantoso y destructivo es un terremoto. ¡Esto Él de hoy pronto ha causado en nuestra parte de la tierra, y con lo cual alarmó nuestros temores, y nos mandó “prepárate para venir al encuentro de tu Dios” (Amós 4:12)!Los golpes que han sido sentidos en diversos lugares, desde aquél que hicieron temblar esta ciudad, nos puede convencer que el peligro no se ha terminado, y debía mantenernos todavía en admiración; viendo que “ni con todo esto ha cesado su furor, pero su mano todavía está extendida” (Isaías 10:4).

Para que pueda juntarme con el diseño de la Providencia en esta crisis atroz, tomaré la ocasión de las palabras de mi texto:   

I. Para mostrar que terremotos son obras del Señor, y que Él sólo trae esta destrucción sobre la tierra:  

II. Llamarlo a percibir las obras del Señor, en dos o tres casos terribles: Y,

III. Dale algunas direcciones convenientes a la ocasión.

I. Para mostrar que terremotos son obras del Señor, y que Él sólo trae esta destrucción sobre la tierra: 

Estoy para mostrarle que los terremotos son las obras del Señor, y que Él sólo trae esta destrucción sobre la tierra. Ahora, de que Dios mismo es el Autor, y el pecado la causa moral, de terremotos, (cualquier causa natural pueda ser) no puede ser negado por cualquiera que cree las Escrituras; porque éstas son las que testifican de Él, que es Dios que “remueve las montañas con su furor, y ellas no saben quién las trastornó. Él sacude la tierra de su lugar, y hace temblar sus columnas” (Job 9:5, 6). “Él cual mira a la tierra, y ella tiembla; toca los montes, y humean" (Salmo 104:32). “Los montes se derritieron como cera delante de Jehová, delante del Señor de toda la tierra” (Salmo 97:5). “Los montes tiemblan delante de Él, y los collados se disuelven; y la tierra se enciende a su presencia, y el mundo, y todos los que en él habitan. ¿Quién permanecerá delante de su ira? ¿Y quién quedará en pie en el furor de su enojo? Su ira se derrama como fuego, y por Él las rocas son quebradas” (Nahúm 1:5, 6). 

1. Los terremotos son expuestos por los escritores inspirados como acto judicial apropiado de Dios, o el castigo de pecado: El pecado es la causa, los terremotos el efecto, de su ira. Así según el Salmista: “La tierra se estremeció y tembló; se conmovieron los cimientos de los montes, y se estremecieron, porque se indignó Él” (Salmo 18:7). Así el Profeta Isaías: “Y castigaré al mundo por su maldad, ---y abatiré la altivez de los poderosos. Porque haré estremecer los cielos, y la tierra se moverá de su lugar, en la indignación de Jehová de los ejércitos, y en el día de su ardiente ira” (Isaías 13:11, 13) Y otra vez. “He aquí que Jehová vacía la tierra y la desnuda, y trastorna su faz” (en lo original, pervertir el rostro del mismo), “y dispersa sus moradores. Y acontecerá que el que huyere de la voz del terror, caerá en el foso; y el que saliere de en medio del foso, será preso en el lazo; porque de lo alto se abrieron ventanas, y temblarán los fundamentos de la tierra. Se quebrantará del todo la tierra, enteramente desmenuzada será la tierra, en gran manera será conmovida la tierra. Temblará la tierra, temblará como un borracho, y será removida como una choza; y se agravará sobre ella su pecado, y caerá, y nunca más se levantará” (Isaías 24:1, 18.20). “A la presencia del Señor tiembla la tierra, a la presencia del Dios de Jacob” (Salmo 114:7). “De Jehová de los ejércitos serás visitada con truenos y con terremotos y con gran estruendo, con torbellino y tempestad, y llama de fuego consumidor" (Isaías 29:6). 

2. Nada puede ser más expreso que estos testimonios de la Escritura, que determinan la causa y el autor de esta calamidad terrible. Pero la razón, así como la fe, nos asegura suficientemente que debe ser el castigo del pecado, y del efecto de esa maldición que fue traída sobre la tierra por la transgresión original. La estabilidad ya no debe ser buscada en el mundo, desde que la inocencia es desterrada de allí: Pero no podemos concebir que el universo habría sido perturbado por estos accidentes furiosos durante el estado de la rectitud original. ¿Por qué debe haber armado la ira de Dios los elementos contra sus sujetos fieles? ¿Por qué debe haber derrocado Él todas Sus obras para destruir a hombres inocentes? ¿O por qué agobió a los habitantes de la tierra con las ruinas del mismo, si ellos no habían sido pecadores? ¿Por qué enterró aquellos en los intestinos de la tierra quiénes no habían de no morirse? Entonces, vamos a concluir, de la Escritura y la razón, que terremotos son las obras extrañas de Dios de juicio -- el efecto y el castigo apropiados del pecado. Continúo, 

II. Para poner antes de ustedes estas obras del Señor en dos o tres casos terribles.  

1. En el año 1692 allí sucedió en Sicilia uno de los terremotos más espantosos en toda la historia. Sacudió la isla entera y no sólo eso, pero Nápoles y Malta compartieron en el golpe. Fue imposible para cualquiera mantenerse en pie sobre la tierra bailadora: No, aún los que estaban colocados en el suelo fueron tirados de lado a lado, como en una oleada rodante. Las paredes altas brincaron de sus bases varios pasos.

2. La travesura que hizo era asombrosa: Cincuenta y cuatro ciudades y municipalidades, aparte de un número increíble de aldeas, casi fueron destruidos enteramente. Catania, uno de las antiguas ciudades más famosas y prósperas en el reino, la residencia de varios monarcas, y de una universidad, tuvo la acción más grande en el juicio. El Padre Anth. Serrvoita, estando en camino allí, unas pocas millas de la ciudad observó una nube negra como cerner de noche sobre ella; y allí surgieron de la boca de Etna gran agujas de llama, que se esparcieron por todas partes. ¡El mar, de repente, comenzó a rugir, y subir en oleadas; los pájaros volaron todos asombrados; el ganado corrió llorando en los campos; y hubo un golpe como si toda la artillería en el mundo hubiera sido descargada inmediatamente! Su caballo y de los de sus compañeros se pararon en seco, temblando; así que fueron forzados a bajarse. Apenas se habían bajado; que ellos fueron levantados del suelo como de dos palmas; cuando, lanzando los ojos hacia Catania, él fue asombrado en no ver nada sino una nube gruesa de polvo en el aire. Esto fue la escena de su calamidad; pero de la magnifica Catania no había ni a lo menos un paso para ser visto. De dieciocho mil novecientos y catorce habitantes, dieciocho mil perecieron en ella: ¡En las varias ciudades y municipalidades sesenta mil fueron destruidos fuera de doscientos y cincuenta y cuatro mil novecientos! 

3. En el mismo año de 1692, el 7 de junio, fue el terremoto en Jamaica. ¡Derribó la mayoría de las casas, iglesias, fábricas de azúcar, molinos y puentes en toda la isla, arrancó las rocas y las montañas, reduciendo algunas de ellas a llanos; destruyó plantaciones enteras, y las arrojó al mar; y, en dos minutos de tiempo, sacudió y destruyó nueve décimas de la ciudad de Port Royal; las casas se hundieron completamente treinta o cuarenta brazas de profundidad! La tierra, abriéndose, se tragó a la gente; y se levantaron en otras calles; algunos en medio del puerto, (siendo impulsado de nuevo por el mar, que se aumentó en esas violaciones) y tan maravillosamente se escaparon.

De todos los pozos, de una braza a seis o siete, el agua salió volando de la parte superior con un movimiento vehemente. Si bien las casas en un lado de la calle fueron absorbidas, por el otro, fueron arrojados a montones. La arena en la calle se elevaba como las olas del mar, levantando todos los cuerpos que estaban en ella, y de inmediato cayéndose en los pozos; y en el mismo instante, un torrente de agua, rompiendo, rodó una y otra vez sobre ellos, mientras se agarraban de vigas y cabríos para salvarse. Los buques y corbetas en el puerto fueron volcados y se perdieron. Un buque, por el movimiento del mar y el hundimiento del muelle, fue conducido sobre las copas de muchas casas, y se hundió allí. El terremoto fue acompañado de un ruido sordo hueco, como el de un trueno. En menos de un minuto, tres cuartos de las casas, y el terreno en cual que estaban, con los habitantes, eran hundidos bajo el agua, y ¡la parte pequeña dejado atrás no era más que un montón de basura! El choque fue tan violento que lanzó la gente a rodillas o en la cara, ya que estaban corriendo en busca de refugio; la tierra se hinchaba y se levantaba como un mar agitado; y varias casas, aún en pie eran barajadas y trasladadas unos metros fuera de su lugares; una calle entera se dice que es dos veces más amplio ahora que antes. En muchos lugares la tierra se rompía, y se abría y se cerraba rápidamente, de las cuales aberturas, dos o trescientos pueden ser vistos en un momento; en algunas de las cuales la gente era tragada; otros, la tierra en cerrándose los capturaba por el medio, y eran exprimidos a muerte; y de esa manera quedaron enterrados con sólo sus cabezas por encima del suelo; ¡algunas cabezas los perros se comieron! El Ministro del lugar, en su cuenta, dice, que tal era la maldad desesperada del pueblo, que tenía miedo a continuar entre ellos; que el día del terremoto algunos marineros y otros comenzaron a forzar y rebuscar los almacenes, y casas abandonadas, mientras la tierra temblaba bajo de ellos, y las casas cayeron sobre ellos en el acto; que se encontró con muchos de ellos jurando y blasfemando; y que las prostitutas comunes, que todavía quedaban en el lugar, fueron tan borrachas y atrevidas como siempre. Mientras corría hacia a la Fortaleza, un lugar muy abierto, para salvarse a sí mismo, vio la tierra abrirse y tragar una gran cantidad de personas; y el mar montándose sobre ellos a lo largo de las fortificaciones, de forma análoga destruyó un gran cementerio, y se llevó los cadáveres de sus tumbas, arrojando las tumbas a pedazos. ¡El puerto estaba cubierto de cadáveres, flotando hacia arriba y abajo sin sepultura! Tan pronto como el golpe violento terminó, él deseó que toda la gente se uniera con él en la oración. Entre ellos había varios judíos, quienes se arrodillaron y contestaron como ellos lo hicieron, y fueron oídos que hasta llamaron aún a Jesucristo. Después de que él hubiera pasado una hora y media con ellos en la oración, y exhortándoles al arrepentimiento, él deseo de retirarse a algún buque en el puerto, y, pasando por encima de las cimas de algunas casas que estaban en nivel con el agua, conseguido primero en una canoa, y entonces en una lancha, que lo puso abordar un buque. Las aperturas más grandes se tragaron las casas; y fuera de algunas prorrumpían ríos enteros de agua, arrojándose una gran altura en el aire, y amenazando un diluvio a esa parte que el terremoto perdonó. El total fue asistido con olores ofensivos, y con el ruido de montañas que caían. El cielo en el tiempo de un minuto fue girado lánguido y rojo, como un horno resplandeciente. Apenas una casa plantadora u obra de azúcar fueron dejadas parados en toda Jamaica. Una gran parte de ellos fueron tragados, casas, árboles, gente y todo en un boquear; en el lugar que después apareció gran piscinas de agua, que, cuando se secaron, nada más que arena quedó, sin cualquier marca que jamás árbol o planta hubiera existido. Aproximadamente doce millas del mar, la tierra estaba boqueada, y prorrumpían, con una fuerza prodigiosa, cantidades vastas de agua en el aire. Pero la violencia más grande fue entre las montañas y las piedras. La mayor parte de los ríos fueron parados por veinticuatro horas, por el caer de las montañas; hasta, hinchándose, ellos se hicieron para sí mismos nuevos canales, despedazando árboles, y con todo que se encontraban, en su pasaje. Una grande montaña se dividió, y se cayó en el suelo plano, y cubrió varios establecimientos, y destruyó a la gente allí. Otra montaña, habiendo hecho varios saltos o movimientos, agobió [una] gran parte de una plantación que estaba una milla lejos. Otra grande montaña alta, cercas de viaje de un día, fue completamente tragada, y donde había estado ahora esta un lago grande de algunas ligas. Después del grande sacudo, los que escaparon se montaron en buques en el puerto, donde muchos continuaron en ellos por dos meses; los sacados todo ese tiempo siendo muy violentos, y viniendo tan grueso, a veces dos o tres en una hora, acompañados con ruidos espantosos, como un viento erizado, o un trueno hueco retumbante, con explosiones de azufre, que ellos no se atrevían venir a tierra. La consecuencia del terremoto fue, una enfermedad general de los vapores repugnantes, que barrió encima de tres mil personas. 

4. En el 28 de octubre, 1746, media hora después de las diez de la noche, Lima, la capital de Perú, fue destruida por un terremoto, que extendió unas cien ligas hacia el norte y como muchos más al sur, a lo largo de la costa. La destrucción no dio ni tanto tiempo para el susto; porque, al uno y al mismo instante, el ruido, el golpe, y la ruina fueron percibidos. En el espacio de cuatro minutos, durante el cual la fuerza más grande del terremoto duro, algunos se encontraron a sí mismos enterrados bajo las ruinas de las casas que se caían; y otros fueron aplastados a muerte en las calles por el derribar de las paredes, las cuales se cayeron sobre ellos al correr aquí y allá. No obstante, la parte mayor de los habitantes (que fue computado cerca de sesenta mil) fueron preservados providencialmente, o en los lugares huecos que las ruinas dejaron, o en la cima de la arruina misma, sin saber cómo ellos llegaron allí. Porque ninguna persona, en tal temporada, tuve tiempo para la deliberación; y suponiendo que la tenían, no había lugar para el retiro: Porque las partes que parecían ser las más firmes probaron ser los más débiles; al contrario los más débiles, en intervalos, hacían la más resistencia; y la consternación era tal, que nadie pensaba a sí mismos asegurados, hasta que habían hecho su escape fuera de la ciudad. La tierra golpeó contra los edificios con tal violencia, que cada golpe abatía la parte mayor de ellos; y éstos, rompiendo junto con ellos pesas vastas en su caída, (especialmente las iglesias y casas altas) completó la destrucción de todo con que se encontraron, aún de lo que el terremoto había perdonado. Los golpes, aunque instantáneos, fueron todavía sucesivos; y en intervalos los hombres fueron transportados de un lugar a otro, que fue los medios de seguridad para algunos, mientras la imposibilidad total de mover a otros para preservaros. ¡Había setenta y cuatro iglesias, además de capillas, y catorce monasterios, con como muchos más hospitales y enfermerías, que fueron en todo instante reducido a un montón ruinoso, y su riquezas inmensas enterrados en la tierra! Pero aunque apenas veinte casas fueron dejadas paradas, mas no parece que el número de los muertos aumentó a mucho más de un mil y ciento y cuarenta y una personas; setenta de los cuales eran pacientes en un hospital, que fueron enterrados por el techo que cayo sobre ellos estando acostados en sus camas, ninguna persona que pudiera darles ayuda. Callao, un pueblo de puerto marítimo, dos ligas lejanas de Lima, fue tragada por el mar en el mismo terremoto. Se desapareció fuera de vista en un momento; así que a lo menos ninguna vista de ella parece ahora. Unas pocas torres, en verdad, y las fuerzas de sus paredes, por un tiempo, aguantaron la fuerza entera del terremoto: Pero apenas tuvieron sus habitantes pobres en comenzar a recuperar su primer susto que la ruina espantosa había ocasionado, cuando de repente el mar comenzó a hincharse, y, subiendo a una altura prodigiosa, se apresuro frenéticamente hacia, y se derramó sobre, con tan vasto diluvio de agua, sus antiguos ligados, que, hundiendo la mayor parte de los buques que estaban en ancla en el puerto, y levantando los demás encima de la altura de las paredes y torres, los impulsó y los dejó en tierra seca mucho más allá del pueblo. ¡Al mismo tiempo, despedazó de las bases todo en ello las de casas y edificios, excepto las dos puertas, y aquí y allá algunos pequeños fragmentos de las paredes de sí mismos, que, como registros de la calamidad, son todavía de ser vistos entre las ruinas y las aguas, -- un monumento espantoso de lo que ellos fueron! En esta inundación furiosa fueron ahogados todos los habitantes del lugar, aproximadamente cinco mil personas. Tales como pudieron de agarrarse de cualquier pedazo de madera, flotaron por allí por un tiempo considerable; pero esos fragmentos, por falta de lugar, se golpeaban continuamente en contra uno al otro, y así que arrojaban a los que se habían adherido a ellos. Aproximadamente doscientos, de mayor parte pescadores y marineros, se salvaron a sí mismos. Ellos declararon que las ondas en su retiro rodeaba el pueblo entero, sin dejar cualquier medio para la preservación; y que, en los intervalos, cuando la violencia de la inundación fue un poco disminuido, ellos oyeron los gritos más doloridos y los chillidos de los que perecieron. Esos, igualmente, que estaban bordados en los buques, que, por la elevación del mar, fueron llevados sobre el pueblo, tuvieron la oportunidad de escapar. De veintitrés buques en el puerto en aquel momento del terremoto, cuatro fueron desamparados, y todos los demás se hundieron. Las pocas personas que se salvaron a sí mismos sobre tablones, varias veces fueron impulsados tan lejos hasta la isla de S. Lawrence, más de dos ligas de la fortaleza. Por fin algunos de ellos fueron lanzados sobre la orilla del mar, y otros sobre la isla, y así que fueron preservados. 

5. En estos casos podemos percibir y ver las obras del Señor, y cómo Él es “temible en sus hechos para con los hijos de los hombres” (Salmo 66:5). En verdad, nada puede ser tan de afecto como este juicio de terremotos cuando vienen inesperadamente como un ladrón en la noche; -- cuando “se ensanchó el infierno, y sin medida extendió su boca; y allá descenderá la gloria de ellos, y su multitud, y su fausto, y el que en él se regocijaba” (Isaías 5:14) -- cuando no hay tiempo de huir, ni el método de escapar, ni la posibilidad para resistir; -- cuando ningún santuario ni refugio ha quedado; ninguna guarida ha de ser encontrado en las torres más altas o las cavernas más bajas; -- cuando la tierra se abre en un repentino, y viene a ser la tumba de familias enteras, de las calles, y de las ciudades; y se realiza esto en menos tiempo que usted puede decir la historia de ello ; o en enviar una inundación de aguas para ahogarlos, o vomitando llamas de fuego para consumirlos, o cerrándose otra vez sobre ellos, que se mueren por asfixia o hambre, si no por las ruinas de su propia moradas; -- cuando los padres y los niños, los maridos y las esposas, los maestros y los sirvientes, los magistrados, los Ministros, y la gente, sin distinción, en el medio de la salud, y de la paz, y el negocio, son enterrados en una ruina común, y pasan todos juntos a un mundo eterno: ¡y hay sólo la diferencia de unas pocas horas o minutos entre una famosa ciudad y de nada en todo! 

6. Ahora, si la guerra es un mal terrible, ¡cuánto más un terremoto, que, en el medio de la paz, trae un mal peor que la extremidad de la guerra! ¡Si una pestilencia furiosa es espantosa, que barre miles en un día, y diez miles en una noche; si un fuego consumador es un juicio asombroso; cuánto más asombroso es esto, por lo cual las casas, y los habitantes, los pueblos, y las ciudades, y los países, son destruidos todos en un golpe en unos pocos minutos! La muerte es el único presagio de tal juicio, sin dar ocio de preparar para otro mundo, o la oportunidad de buscar cualquier refugio en este. Para un hombre sentir la tierra, el cuál es colgado sobre nada, (pero como alguna pelota vasta en el medio de un aire enrarecido rendido) se tambalea bajo él, lo debe llenar con susto y confusión secretos. ¡La historia nos informa de los efectos temerosos de terremotos en todas edades; donde puede ver las piedras rotas en pedazos; las montañas no sólo lanzados abajo, pero removidas; las colinas levantadas, no sólo fuera de los valles, sino fuera de los mares; los fuegos que estallan de las aguas; piedras y carbonillas vomitados arriba; los ríos cambiados; los mares desalojados; la tierra abriéndose; los pueblos tragados; y muchos acontecimientos semejantes horrorosos! De todas reprobaciones divinas, no hay ninguna más horrible, más inevitable, que esto. ¿Para dónde podemos pensar escapar peligro, si la cosa más sólida en todo el mundo sacude? Si lo que sostiene todas las otras cosas nos amenaza con hundirse bajo los pies, ¿qué santuario encontraremos de una mal que nos abarca? Y ¿adónde podemos retiramos, si los golfos que se abren a sí mismos cierran nuestros pasajes en cada lado? ¡Con qué horror son los hombres golpeados cuando oyen el gemido de la tierra; cuando su temblar suceden sus quejas; cuándo las casas son aflojadas de sus bases; cuando los techos se caen sobre sus cabezas, y el pavimento se hunde bajo los pies! ¡Qué esperanza, cuando el temor no puede ser cercado por el vuelo! En otros males hay alguna manera de escapar; pero  en un terremoto encierra lo que derroca, y emprende la guerra con provincias enteras; y a veces no deja nada detrás para informar la posteridad de sus atrocidades. Más insolente que el fuego, que reserva piedras; más cruel que el conquistador, que deja paredes; más glotón que el mar, que vomita arriba naufragios; traga y devora en absoluto lo que trastorna. El mar mismo es susceptible a su imperio, y las tormentas más peligrosas son ésos ocasionados por los terremotos. 

III. Para darle algunas direcciones convenientes a la ocasión Vengo, en el tercero y último lugar, para darle algunas direcciones convenientes a la ocasión. Y esto es lo más necesitado, porque no sabes qué pronto el último terremoto, con el cual Dios nos ha visitado, puede regresar, o sea si Él no pueda ampliarlo así como repetir su comisión. Una vez, si, dos veces, el Señor nos ha advertido, que Él se ha levantado para sacudir terriblemente la tierra. 

1. Así qué, Teme a Dios, ¡aún que Dios en un momento puede echar tanto el cuerpo como el alma en el infierno! “Métete en la piedra, escóndete en el polvo, por la presencia temible de Jehová, y por el esplendor de su majestad” (Isaías 2:10). No debemos nosotros todos exclamar, “Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos. ¿Quién no te temerá, oh Señor, y glorificará tu nombre? pues sólo tú eres santo; por lo cual todas las naciones vendrán, y adorarán delante de ti, porque tus juicios se han manifestado” (Apocalipsis 15:3, 4). Dios habla a tus corazones, como en el trueno subterráneo, “La voz de Jehová clama a la ciudad,… Oíd la vara, y a quien lo ha establecido” (Miqueas 6:9). Él te manda que tomes cuenta de Su poder y justicia. “Ven y mira” (Apocalipsis 6:5) mientras un sello fresco se abre; si, “Venid, y ved las obras de Dios, temible en sus hechos para con los hijos de los hombres” (Salmo 66:5). Cuando Él hace las montañas temblar, y la tierra sacudir, ¿no serán movidos nuestros corazones? “¿A mí no me temeréis? dice Jehová; ¿no os amedrentaréis ante mi presencia?” (Jeremías 5:22) ¿No me temeréis, quién puede abrir las ventanas del cielo, o separar las fuentes del hondo abajo, y manar inundaciones enteras de venganza cuando yo quiero? -- ¿Quien “sobre los malos lloverá lazos; fuego, azufre y terrible tempestad” (Salmo 11:6) o enciende esas corrientes y exhalaciones en los intestinos y cavernas de la tierra, y los hace forzar su camino para la destrucción de pueblos, de las ciudades, y de los países? ¿Quién así de repente puede girar una tierra fructífera en un desierto árido; un espectáculo asombroso de desolación y ruina? “¿Se tocará la trompeta en la ciudad, y no se alborotará el pueblo? ¿Habrá algún mal en la ciudad, el cual Jehová no haya hecho? Rugiendo el león, ¿quién no temerá?” (Amós 3:6, 8). Con Dios hay majestad terrible; por lo tanto, los hombres lo temerán. Algunos lo hacen; y todos deben. ¡O que su temor pueda en este momento caer sobre todos quienes oyen estas palabras; forzando a cada uno de ustedes exclamar, “Mi carne se ha estremecido por temor de ti; y de tus juicios tengo miedo” (Salmo 119:120)! ¡O que todos puedan ver; ahora Su mano está levantada, como en el acto para golpear; está extendida todavía; y sacude Su vara sobre una tierra culpable, un pueblo preparada para la destrucción! Porque ¿no es esta la nación para ser visitada? Y “¿No he de castigar por esto? dice Jehová. De una gente como ésta ¿no se ha de vengar mi alma?” (Jeremías 5:9). ¿Qué sino el arrepentimiento nacional puede prevenir la destrucción nacional? 

2. “Entended ahora esto, los que os olvidáis de Dios; no sea que os despedace, sin que haya quien libre” (Salmo 50:22). Para que la iniquidad no sea tu ruina, ¡arrepiente! Este es el Segundo consejo que te ofrezco; o, más bien, el Primero que es además impuesto sobre usted, y explicado. “Teme a Jehová, y apártate del mal” (Proverbios 3:7); arrepiéntete, y “haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento” (Lucas 3:8); arranca de ti tus pecados en este momento. “Lavad, limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de ante mis ojos; dejad de hacer lo malo. Aprended á hacer bien” (Isaías 1:16, 17), dice el Señor. “Antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis igualmente” (Lucas 13:3). “Por eso pues ahora, dice Jehová”, [“no queriendo que ninguno perezca” (2 Pedro 3:9)], “convertíos á mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y llanto. Y lacerad vuestro corazón, y no vuestros vestidos; y convertíos á Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira, y grande en misericordia, y que se arrepiente del castigo. ¿Quién sabe si volverá, y se apiadará, y dejará bendición tras de él, presente y libación para Jehová Dios vuestro?” (Joel 2:12-14). “¿Quién sabe?” Una pregunta que debe hacerlo temblar. Dios lo esta pesando en la balanza, y, como fuera, ¡considerando o si salvarlo o si destruirlo! “Di á los hijos de Israel: Vosotros sois pueblo de dura cerviz: en un momento subiré en medio de ti, y te consumiré: quítate pues ahora tus atavíos, que yo sabré lo que te tengo de hacer” (Éxodo 33:5). Dios espera para ver que efecto sus advertencias tendrán sobre usted. Él se detiene al punto de ejecutar juicio, y exclama, “¿Cómo tengo de dejarte?"”(Oseas 11:8). O, “¿Para qué habéis de ser castigados aún?” (Isaías 1:5). Él no se complace en la muerte de él que muere. Él no ocasionaría su acto extraño, a menos que tu impenitencia obstinada lo obligue. “¿Y por qué moriréis, casa de Israel?" (Ezequiel 18:31). Dios te advierte del juicio venidero, para que puedas tomar advertencia, y te escapes por el arrepentimiento oportuno. Él levanta Su mano, y la sacude sobre ti, para que lo puedas ver, y para prevenir el golpe. Él te dice, “Ahora, ya también la segur está puesta á la raíz de los árboles” (Mateo 3:10). Por lo tanto arrepiéntete; da a luz el fruto bueno; y no serás talado, y lanzado en el fuego. ¡O no desprecia las riquezas de su misericordia, sino deja que te dirija al arrepentimiento! “Y tened por salud (salvación) la paciencia de nuestro Señor” (2 Pedro 3:15). No endurezca sus corazones, sino vuelve a Aquél quien te golpea; o, más bien, ¡Aquél quien te amenaza golpearte, para que puedas voltearte y ser perdonado! ¡Qué lento es la ira del Señor! ¡Qué tan desinclinado para castigar! ¡Por qué pasos tranquilados viene a tomar venganza! ¡Cuantas muchas aflicciones más ligeras antes de que dé el golpe final! ¿Debe de llamar al hombre en el caballo rojo a regresar, y para decirle, “Espada, pasa por la tierra” (Ezequiel 14:17)?¿Podemos quejamos porque no nos dio advertencia? ¿No privó la espada primero en el extranjero; y luego no la vimos dentro de nuestras fronteras? Mas el Dios misericordioso dijo, "Hasta aquí llegarás, y no más”; él paró a los invasores en el medio de nuestra tierra, y los giró atrás otra vez, y los destruyó. ¿Debe enviar él al hombre en el caballo pálido, cuyo nombre es la Muerte, y la pestilencia destruir miles y diez miles de nosotros; podemos negar que primero Él nos advirtió por la mortalidad furiosa entre nuestro ganado? Así que, si lo provocamos a asolar nuestra tierra, y voltearla al revés, y derrocarnos, como Él derrocó Sodoma y Gomorra; ¿no hubiésemos conseguido esto nosotros mismos? ¿No tuviésemos ninguna razón por esperar cualquier tal calamidad; ninguna noticia anterior; ningún temblor de la tierra antes que clavara; ningún golpe antes que abriese su boca? ¿No puso él ejemplos de tan terribles juicios antes de nuestros ojos? ¿Nunca hubiésemos oído de la destrucción de Jamaica, ni de Catania, ni esa de Lima, que sucedió sino ayer? Si al fin perecemos, perecemos sin excusa; ¿porqué pudiese haber sido hecho más para salvarnos? Sí; usted ahora tiene otro llamado al arrepentimiento, otra oferta de misericordia, quienquiera usted sea que oiga estas palabras. ¡En el nombre del Señor Jesús, yo le advierto una vez más, como un guardián sobre la casa de Israel, a huir de la ira venidera! ¡Yo le pongo en recuerdo (si usted ha tan pronto olvidado) del último juicio atroz, por lo cual Dios los sacudió sobre la boca del infierno! Probablemente Él despertó tu cuerpo por ello; pero ¿despertó Él tu alma? El Señor estaba en el terremoto, y puso una pregunta solemne a tu conciencia: "¿Estas preparado para morir?" "¿Es tu paz hecha con Dios?" Si la tierra ha de abrir su boca en este momento, y tragarte, ¿qué sería de ti? ¿Donde hubieras de estar? ¿En el seno de Abraham, o levantando tus ojos en el tormento? Si hubieses perecido por el último terremoto, ¿no hubieras muero en tus pecados? O, más bien, ¿ido rápidamente al infierno? ¿Quién previno tu condenación? ¡Fue el Hijo de Dios! O, ¡cae en tu rostro, y adorarle! ¡Dale la gloria por tu liberación; y dedica el residuo de tus días a Su servicio! 3. Este es el Tercer consejo que te daría: “Arrepentíos, y creed el evangelio”(Marcos 1:15). “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú” (Hechos 16:31). “Besad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en el camino” (Salmo 2:12). El arrepentimiento sólo no te aprovechará nada; ni tampoco te arrepientes, a menos que confieses con corazones rotos lo más deplorable de todos tus pecados, tu incredulidad; de haber rechazado, o no haber aceptado, a Jesucristo como tu único Salvador. Ni tampoco puedes arrepentirte a menos que Él mismo te dé el poder; a menos que Su Espíritu te dé convicción del pecado, porque no crees en Él. Hasta que te arrepientes de tu incredulidad, todos tus deseos y promesas buenas son vanos, y se pasarán como una nube de la mañana. Los votos que hagas en un tiempo de problemas, te olvidarás y los quebraras tan pronto como el problema termina y el peligro es pasado. ¿Pero te escaparas por tu maldad, suponiendo que el terremoto no regresara? A Dios nunca le faltarán maneras y medios para castigar a los pecadores impenitentes. Él tiene mil otros juicios en reserva; y si la tierra no hubiese de abrir su boca, no obstante ¡seguramente él será tragado por fin en el hoyo insondable del infierno! ¿Te escaparías todavía de esa muerte eterna? ¡Entonces recibe la sentencia de muerte en ti mismo, pecador miserable destruido de ti mismo! ¡Conoce tu falta de la fe divina, salvadora y viviente! Gime bajo tu carga de la incredulidad, y rechaza en ser consolado hasta que oigas de Su propia boca decir, “Hijo, ten ánimo, tus pecados te son perdonados” (Mateo 9:2). Yo no lo puedo dar por hecho, que todos los hombres tienen fe; ni hablar a los pecadores de esta tierra como si fueran creyentes en Jesucristo. Por qué, ¿dónde están los frutos de fe? La fe obra por el amor; la fe vence el mundo; la fe purifica el corazón; en la más pequeña medida, mueve montañas. Si puedes creer, todas las cosas son posibles para ti. Si eres justificado por la fe, tienes la paz con Dios, y te regocijas en esperanza de su apariencia gloriosa. El que cree tiene el testimonio en si mismo; tiene la seguridad del cielo en el corazón; tiene el amor más fuerte que la muerte. La muerte para el creyente ha perdido su aguijón; “Por tanto no temeremos aunque la tierra sea removida; Aunque se traspasen los montes al corazón del mar” (Salmo 46:2). Porque él sabe en quien ha creído; y “que ni la muerte, ni la vida, nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:38, 39). ¿Cree usted así? Pruébese usted mismo por la palabra infalible de Dios. Si usted no tiene los frutos, los efectos, ni propiedades inseparables de la fe, usted no tiene fe. Venga, entonces, al Autor y Consumador  de fe, confesando tus pecados, y la raíz de todo -- tu incredulidad, hasta que Él perdone tus pecados, y lo limpie de toda injusticia. ¡Venga al Amigo de pecadores, trabajado y cargado, y él le dará el perdón! ¡Eche su pobre alma desesperada sobre su amor agonizante! ¡Entre a la piedra, el arca, la ciudad de refugio! Pida, y recibirá la fe y el perdón juntos. Él espera para ser gracioso. Él te ha reservado para esto mismo; para que tus ojos puedan ver Su salvación. Cualquier juicio que venga en estos últimos días, mas quienquiera invoque el nombre del Señor Jesús será salvado. ¡Llámala ahora mismo, oh pecador! ¡Y continúa instante en la oración, hasta que Él te conteste en paz y poder! ¡Lucha por la bendición! ¡Tu vida, tu alma, están en riesgo! Llora tremendamente a Él, -- “¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!” (Marcos 10:47). “Dios, sé propicio a mí, pecador” (Lucas 18:13). Señor, ¡ayúdame! ¡Ayuda mi incredulidad! ¡Sálvame, o perezco! ¡Rocíe mi corazón turbado! ¡Láveme enteramente en la fuente de tu sangre; guíame por tu Espíritu; santifíqueme totalmente, y recíbame para gloria!

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04/05/2010

Cristianismo Común y Corriente

Cristianismo Común y Corriente

Les comparto un articulo desde el Blog Cristianismo Común y Corriente del ministerio "Pasión por Dios" sobre el sectarismo rampante, que ahoga la obra evangelizadora y misionera que Dios nos ordeno llevar a cabo a todos los que solemos llamarnos cristianos, espero les haga meditar sobre la gravedad del dogmatismo religioso...Sean edificados.

15/04/2010

Ex amigo del Papa pide a obispos desobedecerlo

BERLIN.  AP. - El teólogo alemán Hans Kueng hizo un llamado a los obispos para que desobedezcan al Papa y pugnen por reformas en la Iglesia Católica.  Kueng, ex colega y amigo del pontífice Benedicto XVI, afirmó que la iglesia está sumida en su peor crisis desde la reforma protestante debido a las revelaciones recientes de abusos sexuales de sacerdotes y a la consecuente pérdida de confianza.
De 82 años y veterano del Segundo Concilio Vaticano, Kueng expresó en un editorial en el periódico Sueddeutsche Zeitung que los obispos deben promover la realización de un nuevo sínodo para reformar a la institución religiosa.
Los obispos, consideró, pueden en forma legítima presionar a las autoridades católicas si el Papa bloquea sus acciones. Los obispos no deben ser “actores sin voz ni derechos”.  El editorial también apareció en los diarios The New York Times y La Repubblica.
El Papa viaja
Ciudad del Vaticano.  EFE.  Benedicto XVI viaja el 17 y 18 de abril a Malta con motivo del 1.950 aniversario del naufragio de San Pablo en el archipiélago mediterráneo, un viaje que se produce en medio de los escándalos de curas pederastas en varias partes del mundo que han salpicado al Pontífice.
Algunos de esos casos se han producido en Malta y un grupo de víctimas de abusos sexuales por parte de sacerdotes malteses se han reunido ya con el arzobispo de Malta, Paolo Cremona, y le han entregado un carta para ser recibidos por el Papa durante su estancia en la isla.
De momento se desconoce si se producirá ese encuentro, aunque, según aseguró el portavoz vaticano, Federico Lombardi, durante la presentación del viaje, Benedicto XVI siempre está dispuesto a mantener nuevos encuentros con víctimas de abusos sexuales, como ya hizo durante sus viajes a EEUU y Australia.
“No puedo anunciar ese encuentro ni tampoco excluirlo. La estancia en Malta es muy breve y el programa muy intenso”, manifestó Lombardi, que reiteró la disposición del Papa a estos encuentros, “pero en un clima de recogimiento, discreción, no bajo la presión de los medios de comunicación".
En Malta, según datos de la Iglesia Católica local, 45 sacerdotes han sido investigados por abuso de menores. De esos 45, 19 fueron declarados “sin fundamento”, mientras que 13 siguen todavía abiertos.
Cuatro sacerdotes fueron sometidos a proceso canónico, declarados culpables y reducidos al estado laical, y otros dos curas han muerto ya.
De entre las víctimas, una decena eran muchachos del Orfanato San José, de Santa Venera, que sufrieron abusos desde 1980. Uno de ellos, Lawrence Grech, de 37 años, ha contado ahora que los llevaron a cabo tres sacerdotes.
Grech pretende, junto con las otras víctimas del orfanato reunirse con el Papa, con el arzobispo de Malta, Paolo Cremona (lo que ha hicieron ayer) y con el “Promotor de Justicia” (fiscal) de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el maltés Charles Sclicuna.
Grech aseguró que ellos “aman al Papa” y que no pretenden “arruinarle” la visita.
Ante la posibilidad de que se produzcan manifestaciones contra la Santa Sede y el Papa, las autoridades maltesas han reforzado las medidas de seguridad, sobre todo después de que en los pasados días varios carteles de bienvenida, de tamaño gigante, colocados en la isla con la imagen del Papa aparecieran pintados.
A Benedicto XVI le fue pintado un bigote como el de Hitler y bajo la imagen fue escrito “pederasta".
El viaje a Malta -donde según la tradición naufragó San Pablo en el año 60 cuando se dirigía a Roma- es el primero internacional que realiza este año, en el que también tiene previsto visitar Portugal.
Fuertes críticas
La Iglesia católica ha sido objeto de fuertes críticas por los casos de pedofilia y recientemente el Vaticano divulgó un documento con las medidas para luchar contra la pedofilia, que obligan a denunciar ante la justicia a los curas que cometen abusos contra menores.